10 nov. 2010

ELECTRO ???

Me encontraba escanenado las comunicaciones de vuestro planeta cuando descubrí un magnífico artículo que os puede resultar enriquecedor e interesante... además, creo que a éste no lo he contactado, os dejo con los datos y me marcho a conectar el teleplastificador. Kill Mesié Net!!!

Saludos Roñosos



El alumbramiento del hip-hop fue propiciado por la decadencia de la violencia en los barrios marginales afroamericanos de Nueva York que permitía una recuperación de los espacios públicos por los autóctonos, que celebraban sus fiestas en el patio de los bloques. En estas fiestas normalmente se robaba la electricidad de algún poste cercano, o bien algún vecino tiraba un cable para poder conectar los musculosos sound-system que hacían retumbar el barrio. El futurismo lo ponía la época, con las misiones del Apollo trufando los televisores, Yamaha y Roland popularizando los sintetizadores (CS-80) y cajas de ritmo (TR-808, Lindrum) para gozo y disfrute de una población ávida de tecnología.

También fue esta una época marcada por el auge y popularización de las películas de ciencia ficción como la saga ‘Star Wars’, ‘Blade Runner’ o ‘Terminator’. Seres de otros planetas trufaban las carteleras como la serie ‘Star Trek’, los comedores de ratones de ‘V’ o el alienígena obviado por excelencia: Jor-El, mucho más conocido como Superman.

Con la llegada de la tecnología, músicos clásicos como Sun Ra, George Clinton, Herbie Hancok o Zapp pasarían a adoptar el papel de luminarias de los nuevos tiempos, y si no llegaron a basar completamente su música en las nuevas máquinas, al menos sí que las incorporaron para crear sonidos completamente nuevos que apoyarían las temáticas cósmicas y futuristas de sus canciones y que alucinarían a todos esos futuros creadores de los que en los próximos días nos ocuparemos. Así es pues cómo estos músicos clásicos con ganas de romper convencionalismos formarían a nuestros protagonistas de hoy en esto de la conquista de planetas. Solo hay que ver el clip del seminal ‘Rockit’ en la MTV, los atuendos de George Clinton o escuchar el talkbox de Roger Troutman para darse cuenta de que algo estaba cambiando en la ancestral música negra.



Visto el escapismo y amor por lo inexplorado de sus antecesores, no es de extrañar que el incipiente mundo del hip-hop, ávido de formarse una personalidad y encontrar nuevas ideas una vez estrujadas las posibilidades conceptuales de la era post disco-funk en la que reinaron los Furious 5, Sugar Hill y Kurtis Blow, empezara a mirar hacia arriba y hacia el futuro. Aunque no digo que todos lo hicieran ni mucho menos, ya que otros tiraron hacia la reivindicación de corte político (KRS-One, Public Enemy…), el idealismo multiétnico y el respeto al prójimo (De La Soul, ATCQ, Queen Latifah…), el todo por la pasta (EPMD, Mobb Deep…), las nenas y los porros (Snoop, Dre…) y un interminable etcétera. Pero un vez aclarado esto -no vaya a ser que se alimenten discusiones chorras que no vienen al caso-, dejemos estos grupos de lado por ser accesorios para esta nuestra historia.


Fue Afrika Bambaataa en su papel de luminaria y líder espiritual del género quién abriría la primera puerta interestelar del hip-hop, inspirado como fue por cuatro extraños seres alemanes provenientes de la industrial Düsseldorf que habían renunciado a su humanidad y sustituido su corazón de fibras y tejidos por una carcasa de tungsteno inoxidable y unas baterías de litio enriquecido llamados Kraftwerk. Afrika juntó al músico de estudio John Robbie, al programador Arthur Baker, alquiló el equipo, sampleó el ‘Trans Europe Express’ y unos días después tenía el ‘Planet Rock’, dando forma al hip-hop más futurista nunca habido en la galaxia, y que pasaría a ocupar su propio y futurista sub-estilo denominado electro-funk (o robot hip-hop según algunos) que por unos años dominaría las calles de medio mundo dando lugar a la creación de grupos con ambiciones tan interplanetarias como Newcleus, la Jonzun Crew o Twilight 22.



Reinó el electro-funk y el sonido de hip-hop hecho con máquinas (los primero de Run DMC y Kool Moe Dee, por ejemplo) debido a que la gente de a pie no tenía la pasta para alquilar un estudio ni podían grabarse ellos mismos sus sampleos de disco-funk, aunque esa es otra historia. Si bien los raps de este incunable no hablaban concretamente de conquistar otros planetas, sí lograron conquistar este.

Con la llegada de las primeros samples Akai, comenzó la decreciente utilización de las máquinas como eje del estudio de producción y el hip-hop dejó de sonar tecnológico y futurista para volver a sus raíces; esto es, a sonar como en su alumbramiento, a los sampleos de funk y soul que los primeros DJs como Kool DJ Herc, el ‘Señor de los Discos’ Afrika Bambaataa y Grandmaster Caz, seleccionaban para el público. Pero pese a que el mainstream volviese a lo terrenal y se dejara de maquinitas, esto no acabaría ni mucho menos con las ambiciones de muchos productores y MCs por la conquista de nuevos mundos y territorios sonoros, ayudados o no por máquinas.


Digamos que el sampler ayudó a muchos productores, DJs y MCs a expandir su idea de inventar sonidos (y conquistar planetas), y para ello siguieron contando con la ayuda de las máquinas y los efectos, prácticamente las únicas herramientas posibles para la recreación de sonidos “de otro planeta”. Todo esto está probado y editado como veremos en la segunda parte de este artículo, desde la obsesión por la ciencia ficción del fundacional ‘Earth People’ del histriónico Dr. Octagon hasta el rabioso ‘Battlestar’ de Harmonic 313 junto Phat Kat & Elzhi, y pasando por el futurismo conscious de Deltron 3030 o Antipop Consortium, las violentas ansias de invasión planetaria de Reverse Engineering o la cachondez de la rama nerdcore del hip-hop que trataremos otro día con más detenimiento.

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